Mi Segunda Patria

Como hago habitualmente, hoy andaba sobre dos ruedas por la avenida Corrientes, una de las más importantes vias para entrar al bajo porteño.  Hoy andaba una hora más temprano de lo normal, lo que era obligado por el trabajo. En los primeros días de junio, como va acortando las horas del sol, me encontraba en el centro a la madrugada de un día fresco, ya por arrancar.  El frío de la mañana este mes es una barbaridad, así que iba a los pedos por el mismo camino que ya he hecho cientos de veces antes. Zigzagueando entre los taxis y los colectivos observaba, desde la calle Rodriguez Peña, el sol subiendo lentamente sobre el obelisco. Mientras admiraba los suaves colores pasteles del amanecer sobre el gigante falo de la ciudad, no podía guardar mi risa infantil pensando en metáforas del monumento como una “carpa matutina”.

Se fue el humor adolescente, y después seguí fluyendo en la Corrientes reflexionando sobre la hermosura de los rayos del sol que perforaban los nubes tecnicolores.  Justo, en ese momento, me dí cuenta de una sorprendente epifanía.  Hoy, en este mismo día, hace cuatro años yo llegaba a la Argentina por la primera vez.  Seguía adelante cruzando la 9 de julio, pasando el imponente obelisco para conectar con Diagonal Norte.  En Maipu un semáforo cambió a rojo y era al pedo frenar, no había autos parados ni peatones. Yo crucé en rojo dejando a los autos y a los colectivos atrás mientras seguía en marcha, solo, pedaleando hacía el corazón urbano.

Pasando la Catedral por la curva sobre la plaza, me topé con el Cabildo, el edificio que, de alguna forma u otra, ha sido testigo de los momentos más importante del país.  Después, una vista hermosa de la plaza y, un resplandor brillante bajo un sol naciente. En eso momento se me ocurrió jugar un poco con una teoría de que andaba jugando en los últimos días.

En los últimos años yo he conocido bastantes argentinos, tanto como había aprendido mucho sobre la historia del país.  La gente en cualquier lugar es lo que hace ese lugar propio y la gente de Argentina es lo que hace al país grande. Los argentinos, para mi, son unas de las personas más cariñosas, más talentosas y con más mundo que haya conocido.  La gente y la historia, la historia y la gente… Después de cuatro años de conocimiento yo puedo decir que en mi opinión, las dos son igual de complejas, y a veces, también igual de complicadas.  La historia de la sociedad argentina es bien complicada, desde el sufrimiento por la represión de las dictaduras, pasando por la corrupción política, la crisis económica y una miríada de perturbaciones a lo largo su historia. ¿Por qué, entonces, existe ese contraste, esa brecha, entre la gente argentina y su historia?

Es solo uno de las multitudes de disparidades que uno se encuentra mientras que está conociendo Argentina, a través de su gente y su historia.  La Argentina y los argentinos se comparten una historia conmovedora que, aunque difícil de entender, los hacen únicos.  A pesar de todos los momentos, lamentablemente tumultuosos, complicados y dolorosos, los argentinos pudieron aguantar y prosperar colectivamente.

Después de ciclos de crisis y opresión los argentinos aprendieron sobrevivir, a ser una sociedad resistente y creativa.   Durante tiempos de crisis eso fue un mecanismo de supervivencia, tal como mostraron al mundo las Madres de la Plaza, quienes descaradamente enfrentaron la dictadura más sangrienta del país.  Ese espíritu rebelde existía después también en la crisis del 2001, cuando la pobreza urbana superó el 50%.  La gente trabajadora sufrió lo peor de lo peor, antes estaban viviendo con los justos y después vivieron en la desesperación.  Por algunos, la respuesta al dilema fue creativa y radical: apropiar las viejas fábricas, recuperándolas, dando inicio a una nueva manera de trabajar, más igualitaria y democrática. La creación de las fábricas recuperadas formando cooperativas de trabajo nació de la necesidad, y terminó siendo una experiencia, únicamente argentina de lucha y resistencia.

Aunque era necesario en momentos de crisis y, en los años de calma, la estrategia iba perfeccionándose hasta transformarse en ingenio.  Acá en Argentina, este concepto se conoce informalmente como ‘átalo con alambre’.  Esto es la idea de usar los recursos que se tengan a mano de una manera nueva e innovadora o de inventar y re-imaginar una nueva forma de hacer las cosas. Un ejemplo de esa creatividad son los variados restaurantes “a puertas cerradas”.  Los restaurantes operados desde los departamentos o casas de algunos de los chefs más imaginativos, permiten a cualquier cocinero seguir su pasión de tener un restaurante propio, sin necesidad de inversionistas, los cuales normalmente dejan a la mayoría afuera.  El concepto también suele deleitar a los comensales con creaciones originales y sabrosas, que muchas veces son más acesibles de lo que se pueden encontrar en los restaurantes comunes.

La cultura esta presente en cada faceta de sociedad y solo hace falta acercarse a las milongas o los centros culturales para encontrarla, pero no se limita a estos locales, también la creatividad aparece en las calles, o los medios de transporte público. Nadie puede negar la locura contagiosa de La Bomba de Tiempo, de Fuerza Bruta ni de Gotan Project, cada vez que están arriba del escenario.  Pero no hace falta pagar la entrada para descubrir creatividad, se puede cruzar en lo cotidiano con algún virtuoso desconocido tocando una cumbia eléctronica en la linea B o pintando una obra maestra con aerosol en una pared en la vía pública. Me atrevo a decir que, la Argentina que antes emulaba la onda europea, ya abandonó ese concepto de “París latino” y ahora, por ingenio propio, se ha convertido en el gigante de cultura de América Latina.

Una cosa que me hace sentir cómodo, desde el primer día que llegue a la Argentina, es el indescriptible sentido de tolerancia y libertad para ser… lo que sea, lo que te guste. Capaz que sea una artefacto de un país inmigrante, en donde todas las culturas del mundo se juntaban dentro de los conventillos con religiones diferentes, lenguajes ajenos y culturas distintas que terminaron forjando una identidad y un orgullo colectivo.  Como resultado, Argentina pasó a tener la población judía más grande de América Latina que convive pacíficamente con la población árabe más importante del subcontinente.  En 2010, Argentina estableció un precedente de aceptación, convirtiendose en el primer país de la región en permitir matrimonio entre dos personas del mismo sexo, una medida importante para los derechos humanos y para la igualdad. Esta medida fue después adoptada por la mayoría de los países en Sudamérica.  En el día a día se puede notar esa tolerancia, cada vez que uno entra a un mercado, en cada manaza de Buenos Aires. Dentro de los mercados coloquialmente denominados “chinos” que siempre tiene un dueño de origen asiático (chino, taiwanés o coreano), se sueles encontrar una verdulería atendida por bolivianos o peruanos y el carnicero es siempre argentino, una alianza comercial que funciona bastante bien.

La esencia de la cultura viene dada por la familia y los seres queridos. No es misterio que Argentina tiene sus raíces plantadas profundamente en una rica cultura colectiva. La tradición de los almuerzos de cada domingo es una de las más lindas experiencias que cualquiera que viene de afuera puede compartir.  Compartir es una palabra clave, para los argentinos es una de las cosas que viene naturalmente y que tienen perfeccionada. Es imposible entrar en una casa ajena sin que alguien te ofrezca algo para tomar y para morfar. El símbolo más hermoso de este espíritu colectivo argentino es el mate, lo que no es solo una infusión sino una costumbre que siempre es mejor compartida con viejos y nuevos amigos.  Todo este tiempo que he pasado lejos de mi familia, los argentinos siempre me han hecho sentir como en casa, siendo los mejores suplentes posibles, sin faltar.

En el fondo, los argentinos son multifacéticos: complejos, flexibles, aguantadores, persistentes, rebeldes, innovadores, tolerantes, sociables, cariñosos  y audaces. En realidad no hay una brecha entre la historia del país y su gente. La sociedad argentina ahora es lo que es, a pesar y debido a su historia, que la trajo hasta este momento.  Por el conjunto de atributos que tiene el pueblo argentino, personalmente me siento muy afortunado de poder llamar a algunos de ellos, mis mejores amigos, mi segunda familia y a este país, mi segunda patria.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s