Las Minas de Cerro Rico

Cerro Rico

Las Minas de Cerro Rica, Potosí

 

En el sur de Bolivia existe un cerro que seria de gran importancia para el mundo andino a lo largo de los siglos. Los indígenas pensaban que el cerro era sagrado debido a sus creencias espirituales, pero los Españoles lo valoraban más por la masiva cantidad de plata que contenía, y no podían perderse la oportunidad de explotarlo.  La riqueza de plata sacada del cerro hizo a la ciudad de Potosí la más rica del mundo en su momento, pero la riqueza venía con su correspondiente sufrimiento, las minas fueron lugares espantosos en donde miles de esclavos murieron. Cuando se agotó la plata, Potosí casi se convirtió en un pueblo fantasma. Hoy la minería de estaño es la actividad principal del distrito humilde. Para los mineros del Cerro Rico hoy, sus minas siguen siendo un lugar impregnado de peligro, tragedia y leyenda.

Cerro Rico, su historia

Muchos de los conquistadores españoles rumoreaban sobre una mítica “sierra de la plata” que contenía en sus vetas legendarias cantidades de oro, plata y piedras preciosas. Existía en la actual ciudad de Potosí un cerro, que las culturas indígenas sabían que era una abundante fuente de plata.  Los Cantumarca, una población preincaica, reconocieron al cerro para ellos nombrado Sumac Orcko, o cerro hermoso en Quechua, como importante centro argentífero en el mundo Andino. A pesar del conocimiento de la riqueza que poseía la montaña, los Cantumarca decidieron no explotar el cerro por razones religiosas y socioeconómicos. Los Cantumarca se convirtieron en guardianes del cerro y escondieron su riqueza de los demás, incluso de los propios Incas que gobernaron la zona durante el apogeo de su imperio.

El cerro y su inmensa riqueza quedaron protegidos hasta 1545 cuando los españoles llegaron y  hallaron plata en el cerro que ellos bautizaron ‘Cerro Rico’ y inmediatamente fundaron un pueblo en las cercanías para poder comenzar la actividad minera. La minería aceleró el crecimiento de Potosí rápidamente y para el año 1560 llegó a los 50.000 habitantes. En el año 1625 la población ya había superado la de Sevilla con más de 160.000 habitantes.  En aquel tiempo la plata del Cerro Rico hizo a Potosí la ciudad más rica del mundo, con treinta y seis majestuosas iglesias y casonas coloniales cuyos interiores fueron pintados con pan de oro y ornamentados con plata pura. Se decía en aquel entonces que la plata extraída del Cerro Rico era suficiente para construir un puente que uniría Potosí con España. 

Cerro Rico

Mapa de Potosí y el Cerro Rico durante el auge de plata.


Los españoles de Potosí vivían en un mundo lujoso, al contrario que la comunidad indígena la cual sufría una explotación infrahumana. Durante el imperio incaico los nativos fueron sometidos a un sistema de servidumbre que los Españoles intensificaron para aumentar la mano de obra necesaria para trabajar las minas de plata.  Los indígenas fueron sometidos a un atroz sistema de esclavitud y forzados a trabajar en jornadas de 16 horas en las entrañas de la mina, bajo pésimas condiciones. Derrumbes, accidentes y enfermedades se cobraron aproximadamente 15.000 vidas. Para complementar la mano de obra indígena los españoles empezaron a traer esclavos desde África. Estos últimos desacostumbrados al frío y a la altura entraron a las minas para nunca salir y murieron ahogados por el cerro. Así como se decía que había suficiente plata para construir un puente desde Potosí hasta España, también podían construir un segundo puente con los huesos de los esclavos muertos.

grabado de Bry

La mina de Potosí – grabado por Theador de Bry (siglo XVII).

La explotación de las minas se intensificó hasta alcanzar su punto máximo a mediados de siglo XVII, cuando la plata se empezó a agotar. A partir de ese momento Potosí cayó en una grave depresión acompañada por una epidemia de fibre tifoidea que diezmó a la población. Cuando Bolivia ganó su independencia en 1825, solo quedaban 9.000 habitantes en la ciudad.  La producción y el comercio de estaño fue la industria que salvó a Potosí de la desaparición, pero nunca volvería a su anterior opulencia. A partir de la independencia, el clima político y social del país empezaron a cambiar y las minas serían un foco importante.

En 1952 los mineros se convertirían en los protagonistas de la transformación social, económica y política más importante de la historia. Después de décadas de una administración oligarca de las minas, un movimiento obrero liderado por los mineros logró nacionalizar las minas formando la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL), un componente integral de la revolución.  La primera cooperativa minera empezó a operar en el Cerro Rico en 1929, pero solo en los años ochenta, debido a políticas económicas favorables, casi la totalidad de las minas del Cerro Rico se convirtieron en cooperativas.  Aunque ese avance fue importante para los cooperativistas, las condiciones laborales no cambiarán mucho y el sufrimiento de los mineros tampoco parecía detenerse.

Cooperativa Minera 27 de Marzo

Condiciones actuales en las cooperativas mineras

A partir de 1993, Bolivia empezó a modernizar su actividad extractiva cuando la empresa Inti Raymi fue la primera en implementar la minería a cielo abierto, excavando enormes extensiones de tierra con máquinas industriales.  Ese no fue el caso en Potosí, cuyos colectivos de trabajo no tenían presupuesto para operaciones de tal escala y por eso, los cooperativistas siguen trabajando de la misma manera que su antecesores habían laborado por siglos, con solo mínimos avances tecnológicos.

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La abertura del pozo de la cooperativa 27 de Marzo ilustra lo que se espera dentro de la mina, un orificio oscuro de un metro y medio de diámetro. Por el piso corren los rieles de una vagoneta y por arriba caños utilizados para introducir aire en los taladros hidráulicos.  En un cartel inquietante sobre la entrada de la mina, están escritas las palabras “La Negra” y por alrededor, el agujero está pintado con sangre de llama de color marrón rojizo.

La Negra

“La Negra” el apodo de la mina de Cooperativa 27 de Marzo, en un cartel pintado con la sangre de llama.

Los mineros de Potosí todavía trabajan jornadas de 12 horas en condiciones laborales peligrosas. Los mismos tienen que cavar túneles con explosivos peligrosos y después de extraer metales y minerales con picos y palas, deben empujar las vagonetas de cientos de kilos de peso, recorriendo distancias de más de tres kilómetros en la oscuridad perpetua. El túnel de la mina queda a unos 4.100 metros sobre nivel de mar donde el oxígeno es casi inexistente y alto contenido de polvo mineral agrava la situación. Muchos de los mineros de mayor edad sufren de enfermedades respiratorias como resultado de inhalar polvo mineral constantemente. Cuanto más profundo se adentra uno, más caluroso se vuelve el ambiente, llegando hasta los 45° centígrados.  Los accidentes y muertes por caídas y derrumbes son un riesgo que los mineros tienen que enfrentar diariamente.

Hoy la organización democrática de las cooperativas es el logro más importante de la minería en Potosí, pero todavía tiene sus fallas. Las cooperativas tienen una jerarquía que favorece a los jefes con una mejor remuneración y condiciones de trabajo más favorables.  La minería es en esencia una lotería, los salarios de los mineros cooperativistas son completamente dependientes del tipo y la calidad de los minerales que pueden extraer.  Nada está garantizado para los cooperativistas, especialmente cuando los precios de compra de los metales son establecidos por la comunidad internacional y una gran fluctuación del precio internacional puede paralizar a las cooperativas. El pago semanal para los mineros de Potosí es de 50 bolivianos ($7 USD) en promedio.

Minero joven

Un minero joven descansando

Dieta de un minero

Un minero de 23 años de la cooperativa “27 de Marzo” comentó sobre su alimentación diaria: por la mañana, antes de ir a trabajar, se come tres platos de caldo de gallina.  Durante el resto del día laboral su único sustento es un jugo artificial, cigarrillos de tabaco negro, hojas de coca, bicarbonato de sodio y alcohol puro.  Los mineros mastican coca el día entero, utilizando el bicarbonato de sodio para activar el componente químico de las hojas que les da energía, suprime su apetito y reduce los efectos de la altura.  El alcohol puro, en Bolivia, está etiquetado como “alcohol potable” y es la bebida preferida de los mineros por su bajo costo. Estos lo mezclan con jugo o con agua y lo toman con la intención de emborracharse.  

Alcohol Potable Bolivia

96% ALCOHOL POTABLE!

 El Tío

Bien dentro de las minas de Potosí vive una tradición folklórica que tiene su origen en el colonialismo, pero que aún es respetada hoy. Para aumentar la producción argentífera, los Españoles reprimieron a los esclavos de la mina con la introducción de una efigie que serviría como el omnipotente demonio-dios del inframundo.  “El Tío” era un ídolo que todos tendrían que respetar, temer y por sobre todo ofrecerle importantes cantidades de plata o sufrirían las consecuencias.  Los Españoles obligaron a los nativos andinos a creer que El Tío era la máxima deidad dentro de la mina, mientras que afuera los indios eran evangelizados por la iglesia católica. De esta manera la devoción al Tío tanto como las creencias cristianas, las indígenas y las paganas, todas cabían dentro de la cosmovisión de los mineros en el Potosí colonial. Los Españoles originalmente llamaron al demonio “El Dios”, pero el idioma Quechua no tenía en su fonética los sonidos para los caracteres “D” y “S”, así que los nativos lo apodaron “El Tío“.

El Tío

El Tío: demonio-dios del inframundo

Los Españoles pusieron una efigie de él Tío en cada una de las minas de Cerro Rico.  El mismo tiene el aspecto de un diablo con ojos malvados con orejas agudas y una horrorosa mirada.  Después de la independencia los mineros no eran subyugados por los Españoles, pero ellos conservirían su fidelidad al Tío a lo largo de las generaciones. Por miedo a sufrir accidentes y muertes los mineros continuaron la tradición de ofrecer tributo al Tío, pero las ofrendas se convirtieron en cigarillos, hojas de coca y botellas de alcohol.

Hoy, aunque la mayoría de los mineros son católicos, ellos siguen creyendo en el poder del Tío.  Los trabajadores de la Cooperativa 27 de Marzo se juntan cada viernes en frente del Tío para colocar ofrendas de hojas de coca, cigarrillos, y banderines sobre el efigie mientras toman alcohol con el dios-demonio.  Una vez por año, también celebran otro ritual proveniente de tiempos coloniales, el carnaval minero. En este carnaval del submundo, todos las reglas son opuestos a las que rigen en el exterior. Por una semana los mineros viven según las leyes del submundo donde la violencia es aplaudida, la borrachera es eterna y hasta la homosexualidad está aceptada.  La culminación de los festejos llega con el ritual de sacrificar una llama como obsequio al Tío.

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